Este artículo de Verónica Maza empieza con un pitorreo de la famosa canción de Chava Flores, "A qué le tiras cuando sueñas, mexicano", pero a doña Vero se le olvidó la coma del vocativo.Relájese usted. No va a tener que aprender latín ni nada por el estilo. Haga usted cuenta de que ésta es una pequeña desviación cultural para apreciar cómo funciona el español en comparación con el latín. Después va a agradecer el que no nació en Roma hace dos mil 200 años.
Verá por qué: niña se dice puella en latín. Si quiero indicar que puella es el sujeto de la oración, dejo la palabra tal cual, pues la “a” me indica precisamente eso. Pero si quiero indicar que alguien vio a la niña o que la besó —por ejemplo—, debo decir, y escribir, puellam, pues con la desinencia “am” doy a entender que la niña es el complemento directo. Así, va cambiando la terminación de la palabra según su papel en la oración: singular o plural, sujeto, complemento directo (caso acusativo), complemento indirecto (caso dativo), posesivo (caso genitivo), complemento circunstancial (caso ablativo) y, por fin, caso vocativo.
Se emplea el vocativo sólo cuando le hablamos a alguien y utilizamos su nombre, título o apodo. Los romanos antiguos usaban el caso vocativo para indicar que no hablaban acerca de alguien sino que le hablaban a alguien. El nombre de ese alguien adoptaba la desinencia propia del caso vocativo. Por eso, en Julio César de Shakespeare, el protagonista, decepcionado al descubrir que su propio hijo también desea matarlo, le dice “Et tu, Brute”, y no “Et tu, Brutus”. La “e” para nombres masculinos terminados en “us” indica que se trata del caso vocativo, y Julio César está hablándole a Bruto. (Fin de la desviación lingüística-cultural).
En español también tenemos el vocativo, pero carecemos de ese complejo sistema de desinencias. ¡Gracias a Dios! Veamos estas dos oraciones:
Juan escucha la música.
Juan, escucha la música.
El primer ejemplo es una simple sentencia. Afirmamos que un muchacho de nombre Juan escucha música. Pero en el segundo ejemplo, le estamos hablando a Juan. Nos dirigimos a él, mediante su nombre. Así, decimos que “Juan” es un vocativo. La única manera de indicar que no estamos hablando acerca de Juan sino que le estamos dirigiendo la palabra, es la coma que va después del nombre, en este caso. Para indicar esta situación, no puedo agregar una terminación a “Juan” como ocurre en latín. Sólo puedo separar el nombre del resto de la oración con una o dos comas:
Escucha, Juan, la música.
Escucha la música, Juan.
Esta coma, la del vocativo, es absolutamente imprescindible. Si el nombre —apodo, título o equivalente— viene al principio de la oración, va una sola coma después. Si viene al final, va una coma antes. Si viene en medio, va una coma antes y otra después.
Elipsis, o verbo callado…
Hay otra instancia en que es absolutamente imprescindible emplear una coma, y da la casualidad de que muchísimos redactores inexpertos casi siempre la omiten por simple desconocimiento. La regla general, y simple, dice que donde por contexto se sobreentiende que hay un verbo pero que no aparece en el escrito, hay que poner una coma en su lugar. Cuando el verbo está callado, decimos que lo elidimos o que lo suprimimos. En gramática esto se llama elipsis. De hecho, cuando dejamos cualesquier palabras fuera de una oración porque se sobreentienden por contexto, se trata de una elipsis. Pero ahora sólo nos interesa la elipsis verbal. Veamos:
El doctor Pérez es oncólogo. La doctora Martínez es neuróloga. La doctora Hernández es ginecóloga.
Aquí tenemos tres oraciones independientes separadas por un punto. Esto no es incorrecto pero es poco elegante, sobre todo porque se repite el mismo verbo dos veces. Podemos mejorar el estilo empleando la elipsis. Pondremos punto y coma [;] entre las oraciones, y una coma en lugar del verbo callado o elidido:
El doctor Pérez es oncólogo; la doctora Martínez, neuróloga; la doctora Hernández, ginecóloga.
Otra opción es usar la “y” entre las últimas dos oraciones, como suele hacerse cuando se trata de una serie, como ésta. En estos casos no se usa el punto y coma sino que usamos la combinación de coma e “y” [ , y ], como se ve a continuación:
El doctor Pérez es oncólogo; la doctora Martínez, neuróloga, y la doctora Hernández, ginecóloga.
Hasta ahora hemos visto cuatro circunstancias en que la coma es absolutamente indispensable: para separar elementos en serie, para aislar información parentética (incidental o explicativa), para indicar que se trata de un vocativo y para dar a entender que hay un verbo callado. Los demás usos de la coma, los cuales empezaremos a ver muy pronto, son discrecionales porque en ciertos casos son necesarias, mientras que en otros, no. Mientras tanto, ¡mucho ojo! Los vocativos y las elipsis no perdonan la coma.

2 comentarios:
La misma ignorancia de la coma del vocativo, O Sandre, también se da entre los vecinos del norte. Véase, por ejemplo, the comma of direct address. Dexys Midnight Runners también tienen cola eminentemente pisable en el asunto.
Saludos,
Anónimo hablando de ignorancia; o tempore, o mores, o ironiae...
That is the question:
Whether 'tis nobler in the mind to misquote Cicero from clouded memory,
Or to think 3rd-declension tempus could yield vocative plural tempore.
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